Busco la superposición, lo confuso, lo sigiloso. La relación de lo uno con el universal. Ese caos. Esa sumatoria de elementos enredados por la energía vital. Donde cada ser colabora en esa red infinita. Donde en lo aparentemente particular, existen un sin fin de universos, que a su vez contienen otros y otros y otros…
La presencia de lo salvaje como protagonista, tanto en su dimensión maternal, como descarnada. La perseverancia del instinto de supervivencia. Su ductilidad, su capacidad de adaptación. La constante tensión entre nacimiento y muerte, muerte y renacimiento. La vitalidad en el transcurso de los ciclos.
Seres que se convierten en personajes, paisajes que se tornan contextos… Situaciones descubiertas por casualidad en el enredo de un bosque. Imágenes que develan un momento fugaz, un fragmento de ese relato existente, pero mudo.
Imágenes que surgen de la convivencia y contemplación de la naturaleza concreta, palpable y se mimetizan con la ficción, lo ilusorio… fragmentos de memoria.
El papel como base, que absorbe y contiene. Y la variedad de elementos que exija cada encuadre, para trasladar las percepciones de su entorno… Agua, tintas y otros ajenos. La convivencia, el enredo de materias de diversas procedencias. La adaptación entre unas y otras. La disputa, la tensión constante entre elementos que se aceptan y rechazan; entre el cuidado de la forma y la invasión de lo azaroso.
La intención de rozar, captar lo sensitivo: La humedad de la bruma y de la tierra llovida, la acumulación sutil, progresiva y constante de la nieve.
Imágenes de una naturaleza con presencia concreta, aunque en vías de extinción. Que pasa a ser preservada, catalogada y domesticada en perfectos hábitats artificiales. Mientras su esencia tiende a borrarse, a desaparecer… adquiriendo así el carácter de futuro mito.